Vinos de Rioja

Historia de los vinos de Rioja

Como en otras muchas regiones vinícolas españolas, los romanos llevan la vid y las técnicas de vinificación desde la costa. Las galeras que arribaban a La Rioja a través del Ebro comerciaron, más tarde, con la misma capital del imperio romano, donde apreciaron sus caldos desde los inicios de su historia.

Se dice que los romanos enseñaban a los peninsulares las técnicas de vinificación con el ladino propósito de satisfacer, luego, sus deseos de beber vino bien elaborado, en lugar de los turbios bebistrajos que elaboraban los pueblos antiguos de la península.

En el Monasterio de San Millán de la Cogolla quedó constancia de la cultura medieval del vino que ya presidía la vida de los riojanos. Incluso las viviendas se adaptaron a la producción, disponiendo desde antiguo de bodegas que permitían el almacenamiento de unos vinos que muy pronto comenzaron a distribuirse por los alrededores de la región. Ya en el medioevo, las ordenanzas municipales logroñesas dictaban ordenanzas que garantizaban el buen hacer de la vinificación. La calidad del vino quedaba garantizada a través de estas ordenanzas, de manera que la producción fuera lo más homogénea posible y que no existieran malas prácticas en la conservación posterior de los vinos de la región riojana.

Pero, como sucede en otras denominaciones del país, no fue hasta 1867, con la aparición de la plaga de filoxera en Francia cuando los bodegueros del país vecino entran en España en busca de vinos para importar que compensaran las cosechas perdidas a manos de esta plaga. Al llegar a La Rioja, los franceses quedaron sorprendidos por la calidad de sus caldos, y las técnicas empleadas en su obtención.

El país galo apreció, desde las primeras importaciones, la calidad de los vinos de La Rioja. Los vinos se distribuyeron por todo el país disfrutando de una reputación importante en las mejores mesas del país vecino.

Pero será durante el S. XIX cuando los vinos de Rioja afinen sus cualidades y presenten aromas semejantes a los actuales. Personajes como el marqués de Riscal o el marqués de Murrieta pasaron buena parte de sus vidas yendo y viniendo de la región francesa de Burdeos, y a ellos se les atribuye la modernización de las técnicas de vinificación, procedentes de la región francesa.

Pero no todo fueron cambios. Mientras que las barricas de sus bodegas fueron sustituidas por otras nuevas de roble, al estilo bordelés, las uvas locales como el tempranillo mostraban un rendimiento más que aceptable, por lo que los viticultores que no tenían acceso a variedades francesas, como la cabernet sauvignon, comenzaron a producir vinos de excelente calidad, tanto si los mezclaban con uvas francesas como si no.

Disfrutar de una copa de crianza en la calle del Laurel, en el casco antiguo de la capital logroñesa, en cualquiera de sus tabernas, ante un plato de champiñones, es un placer de dioses muy al alcance de los mortales.

Regiones vinícolas de La Rioja

Rioja Alavesa

Situada al norte del Ebro, en la provincia vasca de Álava, se caracteriza por una producción de vinos muy atomizada en general, compuesta por pequeños viticultores que crían, producen y envasan una exigua producción de vinos.

Se trata generalmente jóvenes de gran fructuosidad, suaves y de buena estructura.

Un clima benigno, para la latitud en que se encuentra la región, y el uso de técnicas tradicionales de maceración carbónica permiten la obtención de vinos aromáticos, con toques de grosella y frambuesa a partir de la variedad tempranillo, la más frecuente de la zona. La misma variedad que sorprendió a los franceses cuando vinieron a por los vinos riojanos tras la epidemia de filoxera.

Otras uvas como la garnacha tinta o la macabeo mezclan sus jugos con los de la variedad tempranillo, en una mezcla perfecta que le concede una mayor textura a la afrutada y aromática uva local.

De la selección de la uva depende gran parte de la calidad del vino. En toda La Rioja la uva es seleccionada minuciosamente, determinando las que se destinan a vinos nuevos, a vinos envejecidos e incluso a alcoholes vínicos de diferente naturaleza.

Rioja Alta

Situada entre Haro y Logroño, cuenta con municipios vinícolas tan renombrados como San Asensio, Cenicero o Haro.

Un clima con escasa presencia de vientos húmedos del norte, merced a la proximidad de la sierra de Cantabria, y un suelo bien proporcionado asentado en tierra caliza hacen posible los vinos con mayor personalidad del orbe riojano.

Uvas blancas como la viura, la malvasía riojana y la garnacha blanca, y tintas de tempranillo, garnacha, mazuelo y graciano consienten unos vinos blancos de abundante aroma y la intensidad justa, que va a variar incluso según la localidad productora.

Rioja Baja

Al sureste de la región, ocupa en su mayoría tierras de La Rioja y una pequeña porción de Navarra. Los suelos aluviales, escasos en otras partes de La Rioja, son ideales para el cuidado de la uva garnacha, por su profusión de arcillas y hierro que se encuentran en localidades como Calahorra o Alfaro.

Una menor pluviometría y más horas de sol que en el resto de las regiones vinícolas riojanas, unidos a los suelos sobre los que se asientan los viñedos, dan lugar unos vinos más corpulentos y de mayor graduación.

Dentro de la Rioja Baja, se encuentran otras subzonas de interés vinícola como El Valle de Alhama, el del Cidacos o el de Leza y Jubera.

Variedades de La Rioja

Variedades tintas

  • Tempranillo. Se trata de una variedad de uva clásica propia de La Rioja y de regiones septentrionales de España. Aunque se trata de una variedad tinta de calidad, los vinos salen más resueltos cuando se realizan mezclas con otras uvas como la variedad cabernet sauvignon.
  • Garnacha tinta. Propia de la Rioja Baja, se puede encontrar en casi todas las mezclas de vinos riojanos. También se la denomina garnacha riojana.
  • Graciano. Empleada para aportar finura al envejecimiento del vino de Rioja.
  • Mazuelo. Aunque conocida en otras partes de España como cariñena, concede taninos y un toque ácido a los vinos de La Rioja.
  • Cabernet sauvignon. De más reciente introducción, sólo se emplea en algunas bodegas de la región riojana añadiéndola a las uvas de tempranillo para afinar la mezcla.

Pero lo que concede a los vinos tintos de La Rioja su fama de amables es la afinada proporción de la mezcla de variedades. Como ejemplo de mezcla podríamos hablar de una proporción e 65% tempranillo, 20% garnacha, 10% mazuelo y 5% graciano, siempre que no se emplee en la mezcla cabernet sauvignon.

Variedades blancas

  • Viura. Es la más empleada para la elaboración de vinos jóvenes que no llegan a fermentar en barrica.
  • Malvasía riojana. Suele emplearse para la elaboración de vinos de fermentación en barrica, generalmente mezclado con la variedad viura.
  • Garnacha blanca. Menos empleada, produce vinos menos frescos y frutales que las variedades citadas anteriormente.

Los vinos de La Rioja

En La Rioja se elaboran vinos blancos y tintos de excepcional calidad. En función de la calidad de la cosecha se envejecerán más o menos hasta alcanzar unas condiciones excepcionales de aroma y sabor.

Es fácil acudir a un restaurante de Londres u otras capitales europeas y poder degustar un vino de Rioja que nos devolverá a nuestra tierra de un sorbo. El más internacional de nuestros vinos lo es por muchas razones, a pesar de la dura competencia de otras regiones vinícolas de paises como Francia, Chile, Sudáfrica o Australia.

Los vinos de Rioja se cuidan desde el primer momento. Desde la recogida de la uva (que se realiza con presteza para impedir fermentaciones espontáneas) hasta la selección de las botellas para su afinado en botelleros tranquilos todo son mimos y cuidados para estos prestigiosos caldos españoles.

Porque si algo caracteriza a los vinos de La Rioja es su importante capacidad de envejecimiento. Las cosechas excepcionales se destinarán a la elaboración de vinos de gran reserva. Para estos vinos se han escogido vides, cepas y cosechas. Sólo de esta manera se puede conseguir un gran vino; un vino de Rioja de gran reserva.

  • Blancos. Los vinos blancos de La Rioja también envejecen. Lo pueden hacer hasta en periodo máximo de dos años, transcurridos los cuales estaremos ante vinos muy limpios, con brillos destacables, perfectamente estructurados con aromas frutales suaves, sin cansar.
  • Tintos. Los vinos tintos son los verdaderos protagonistas de la D.O. Rioja. Ellos son los que han conseguido que estos vinos sean reconocidos en todo el mundo.

Los sistemas de vinificación actuales permiten la fermentación del vino en tinas de acero inoxidable con la temperatura de fermentación controlada. Posteriormente, las barricas de roble francés harán el resto. Al final, los vinos tintos se afinan en los botelleros hasta alcanzar el máximo de cualidades orgánicas.

Como decimos, según sea la calidad de la cosecha y tras la selección de las uvas y cepas, se destinarán a un mayor o menor envejecimiento. Lo vemos:

  • Vinos tintos jóvenes. Que se pueden poner a la venta al terminar la cosecha. Se trata de vinos frescos, más ásperos que los vinos de crianza pero buenos de tomar. Ideales para tomar el aperitivo y para consumo cotidiano.

La temperatura de servicio de estos vinos no debe ser muy alta.

En ocasiones los vinos jóvenes envejecen un año en botella, pero siempre sin pasar por barricas de roble.

  • Vinos tintos de crianza. Los vinos de crianza de La Rioja son los más vendidos en las tabernas de la Calle del Laurel. Allí se alternan las tapas con estos vinos limpios y nobles enfriados en cubos con agua o botelleros.

Estos vinos de crianza han pasado 6 meses en barrica y un año afinándose en botella.

El sabor de un crianza de Rioja es sutil, sin demasiados aromas con retrogusto frutal muy vivaracho. Estos vinos maridan perfectamente con carnes de ave, ternera, cerdo y con pescados carnosos como el rape, el marrajo o el atún.

  • Vinos tintos de reserva. Más afinados que los riojas de crianza presentan más cuerpo y una buena estructura. Elegantes, sus tonos rojos intensos llenan la copa con un ribete (teja) justo. Untuosos en boca, destellan sabores y olores que nos recuerdan todo el tiempo transcurrido en barrica. Los sabores avainillados, a grosella y frutos del bosque se dan cita en cada trago de un buen vino de reserva de La Rioja.

Los vinos de reserva de La Rioja han pasado 2 años envejeciendo, de los cuales 6 meses los han pasado en barrica de Roble y el resto en botella.

  • Vinos tintos de gran reserva. Estos vinos, más corpulentos, pasan dos años en barrica de roble y tres en botella.

Los grandes reservas de La Rioja representan la culminación del trabajo bien hecho de los bodegueros y viticultores de la zona. Una teja amplia, un color que destella tonos frambuesa, un sabor a uva tinta con untuosidad de frutas del busque, fresas y regaliz. Su estructura alcanza la máxima expresión y eso se nota en boca, con ese gusto largo característico.

Los vinos de gran reserva de La Rioja maridan a la perfección con estofados de carne, carnes de caza, jamón ibérico, cecinas y lomos embuchados.

El maridaje de los vinos de La Rioja

Pocos vinos tienen un maridaje tan amable como los vinos riojanos. La alegría de sus vinos jóvenes resulta ideal para alternar con tapas ligeras (los champiñones de las tabernas de la Calle del Laurel son inimitables), pinchos norteños, sencillas aceitunas sureñas y mariscos del vecino país vasco.

Pero los riojanos son más de vinos de crianza y destinan a ellos las emociones del fin de semana en «La Ruta de los Elefantes» (que es como aquí se les llama a las calles del centro repletas de tabernas y restaurantes). Y es que los crianzas de La Rioja maridan con casi todo y realzan el sabor de innumerables platos. Guisos ligeros (unas patatas a la riojana, por ejemplo), sopas y verduras quedan impecablemente ligados con los crianzas de esta tierra.

El jamón ibérico se combina a la perfección con unas copas de crianza. Un jamón de Extremadura, Guijuelo, de Huelva o de Jabugo se suele refrescar con vinos finos en el Sur, pero también con vinos de Rioja no muy robustos.

Pero son los grandes vinos de La Rioja, como ya hemos mencionado, los que presentan un maridaje más poderoso. Un gran reserva en plena comida, nos puede ayudar con un estofado de Otoño, un buen guiso de caza o unos embutidos bien curados.

Los vinos blancos de Rioja son de los pocos que pueden envejecer de toda la variedad de vinos españoles. Estos vinos blancos maridan perfectamente con todo el pescado y el marisco de las costas españolas, con verduras de temporada y con los entrantes suaves que preceden a un buen ágape.

El vinagre riojano

El vinagre de vino representa la culminación de un proceso que comienza con la vendimia y termina en los botelleros mientras se afina el vino. Tradicionalmente se asignaban las partidas de vinagre desde aquellos vinos que se «picaban», incapaces de envejecer.

El vinagre antiguo era destinado fundamentalmente a la conservación de alimentos mediante su reprocesao en potentes escabeches de carnes y pescados (espectaculares los escabeches de carne extremeños, los de perdiz de La Mancha) que se guardaban en orzas. Con la llegada de las especias desde Oriente Próximo, Asia y América y, más tarde, de nuevos sistemas de conservación mediante frío el vinagre se destinó a aliños más ligeros.

Todavía perviven (aunque cada vez menos) los escabeches a la antigua usanza. Esos platos recios, templados o fríos que nos deleitan con sus sabores profundos, especiados y amables.

Otro de los usos del vinagre ha sido el terapéutico. Las friegas contra los dolores, contra las quemaduras (usos no siempre bien fundados) han sido tradicionalmente remedios caseros allá donde la medicina moderna no llegaba. Cuentan que al mismo Jesucristo le dieron un brevaje a base de vinagre para aliviar sus dolores en la cruz.

En la actualidad las cosas son muy diferentes. Los usos de la cocina actual necesitan de un vinagre ligero, capaz de maridar con ensaladas y recetas del gusto de ahora. Por esta razón no se pueden destinar a vinagre aquellos vinos robustos, demasiado agrios, sólo válidos para conservar alimentos.

Disfrutar de un vinagre de vino de Rioja es un verdadero placer para los sentidos. Un vinagre que se elabora con los mismos vinos que podemos degustar habitualmente durante el aperitivo o la comida.

La Rioja no cuenta con vinagres con D.O. En la actualidad, los únicos vinagres que cuentan con Denominación de Origen son los vinagres del Condado y los vinagres de Jerez.

Sin embargo, en el mercado podemos encontrar deliciosos vinos de La Rioja, capaces de satisfacer los paladares más exigentes.

Por fortuna, la moda de los vinagres italianos pasó y los grandes chefs españoles se decantan por los vinagres de La Rioja, Jerez o El Condado de Huelva. Los vinagres de Módena son demasiado densos y no sirven para aliñar ensaladas, con las carnes se muestran demasiado quot;suavilones», sin el punto de acidez adecuado. Es posible que haya llegado la hora de los grandes vinagres españoles, los que proceden de un proceso natural, los de los vinos escogidos.

Con los vinagres pasa como con los vinos para guisar. Resulta un absurdo adquirir vinos «de guiso», hay que guisar con los vinos de la tierra, con los buenos vinos. Una caldereta de bogavante, un rabo de toro (que con un chorro generoso de vino de reserva riojano nos queda de muerte), un caldo de pescado, un arroz caldoso, … los podemos arruinar perfectamente con un vino malo. Es más sencillo arrimarle un vaso de vino blanco o tinto (cuanto más bueno mejor) de La Rioja y dejar que hierba, es más conveniente y más sensato.

Un buen vinagre no vale nada y nos aporta mucho.

El vino cosechero

No todos los vinos de La Rioja son destinados a envejecer. Las cuotas que determinan las D.O. en esta tierra son muy estrictas, de manera que la mejor forma de dar salida a los excedentes de producción de uva son los cosecheros.

Estos vinos no tienen nada que envidiarles a los vinos Denominación de Origen «Rioja», es sólo que no se les deja pasar a ser crianzas y que en las bodegas de Haro o Cenicero nos los dan por cuatro perras. Los cosecheros de La Rioja son geniales.

También en Burgos, Valladolid y en toda La Ribera del Duero se elaboran magníficos cosecheros del año que se venden por mucho menos de lo que valen.

Este vino resulta más áspero, menos afinado (evidentemente) se trata de un «vino duro» sólo apto para expertos que saben sacar todo el partido de su fortaleza. En cualquier caso, los vinos bodegueros tienen un regusto antiguo que no nos debemos perder si alternamos con tapas ancestrales de esta tierra consagrada a los placeres mundanos del comer y el beber como ninguna tierra de España.

Cuando pase por la Calle «Marqués de Murrieta» no olvide comprar algunos (hay una tienda excelente cerca del hotel del mismo nombre, o si no en el mismo mercado, que lo dan muy bueno. En la calle del Laurel también lo sirven por copas, pero allí mejor un crianza de los buenos con champiñones.

Las localidades del vino de Rioja

Son muchas las localidades riojanas que han contribuido a que los vinos de esta tierra sean lo que son. Se trata de pequeñas poblaciones con plena dedicación a la vinicultura. Desde aquí, queremos rendir un claro homenaje de recnocimiento a estos pueblos (preciosos, todo sea dicho) donde las tabernas reflejan todo el saber hacer de aquí.

  • Haro. Esta bonita localidad de la Rioja Alta aloja algunas de las bodegas más reputadas de toda la zona y las tabernas más clásicas de toda la Rioja. En la propia localidad y sus alrededores se pueden encontrar joyas del románico y el renacimiento y disfrutar de una gastronomía propia de las tierras del norte. Por cuanto a la actividad turística, Haro cuenta con hoteles de altura y alojamientos rurales perfectamente adaptados. La restauración de Haro es exquisita, tanto si nos disponemos a comer sentados a una buena mesa como si lo que deseamos es alternr con vinos y pinchos bordeando la barra de un bar.
  • Briones. Esta localidad rijana cuenta con un fantástico museo del vino digno de una paciente visita. Puede que Briones no sea tan conocido como otras localidades como Haro (de la que apenas dista unos kilometros). Sin embargo, los cosecheros de esta localidad àportan uva y vino a las grandes marcas que luego lo comercializan en forma de grandes vinos de Rioja.
    • Por fortuna, una parte de la cosecha la destinan a consumo propio y venta directa, por lo que se pueden adquirir verdaderos vinos riojanos (jóvenes, eso sí) por cuatro perras. En Briones se pueden encontrar alojamientos rurales de primeras calidades y la gastronomía comparte la contundencia de las recetas de la zona.
  • San Asensio. Esta es la localidad del vino clarete. Hasta el punto de que su «batalla del clarete» (el 25 de Julio, Santiago Apóstol) se ha convertido en una de las fiestas más tradicionales de la zona. San Asensio es conocida por una marca muy comercial de vinos de Rioja, pero tiene más encantos que ese. Su casco antiguo se encuentra en perfecto estado y allí permanecen intactas antiguas bodegas que datan del S. XVI.
  • Cenicero. Enclavada en plena Rioja Media, esta hermosa localidad se destaca por su vieja tradición vinícola. Las enormes bodegas históricas de su casco urbano son visibles a distancia. Desde muy antiguo, las más reconocidas bodegas de La Rioja se asientan en Cenicero, destacando en la actualidad grandes firmas del vino y pequeños bodegueros que esmeran en conservar las tradiciones vinícolas riojanas. En cuanto a las actividades que se pueden realizar, lo mejor es dejarse encandilar por sus innumerables bares, tabernas y mesones donde no faltan el marisco del norte y las recetas clásicas.
  • Nájera. Esta localidad de La Rioja Alta posee tesoros muy interesantes por descubrir. Situada en medio del camino de Santiago, ofrece al visitante y al peregrino multitud de albergues y hospedajes a buen precio. Monasterios cistercienses que visitar y famosas bodegas a las que acudir para degustar los mejores vinos de La Rioja culminan la paleta de lugares entrañables donde pasar un buen rato contemplando toda la tradición vinícola de la zona.
  • Arnedillo. Aunque cerca terminológicamente de la localidad de Arnedo, Arnedillo se encuentra en la Rioja Baja y es bien conocida por su balneario. A él acuden multitud de visitantes en busca de la salud del agua y del vino, porque se trata de un pueblo de gran tradición vinícola. Arnedillo también es conocido por su importante tradición micológica. Las recetas de setas se reflejan claramente en su gastronomía de siempre. Por último, el Valle del Cidacos, donde se ubica esta noble localidad, es conocida por su suculenta huerta, donde se cultivan las mejores legumbres y verduras del Norte de España desde siempre.
  • Fuenmayor. Poco más de tres mil habitantes tiene esta recoleta localidad de La Rioja que debe su economía al encontrarse en unas de las zonas de mejores uvas y vinos de toda La Rioja. Dignos de visitar la Iglesia de Santa María, el palacio de los Marqueses de Terán o la Casa Navajas. Tropezarse en el camino con alguna de sus tradicionales tabernas y beber un vino de Rioja en este lugar resulta una delicia (lo decimos por experiencia).
  • Ausejo. Localidad situada a 30 kilómetros de la capital logroñesa, alberga antiquísimas bodegas donde se elaborado vino desde tiempos ancestrales. Dignos de visitar son su Iglesia parroquial de Santa María y su Ermita de Santa María la Antigua, del S. XVII. Beberse un buen vino tinto de crianza en esta pequeña localidad de la Rioja Baja es un placer que rememora toda la historia de quienes han hecho del vino una cultura y una forma de vivir.
  • Alfaro. Fantástica la visita a la Colegiata de San Miguel en esta localidad riojana. El convento de San Francisco de Asís o el palacio de los Saenz de Heredia no se quedan cortos. Merece la pena visitar esta capital de los vinos de Rioja. Además de sus famosas «icnitas» (huellas de dinosaurios) podemos apreciar sus bodegas siguiendo siempre la ruta de la «Viña Recia» que abarca a otras localidades como Alcanadre, Arnedillo o Ausejo.

Las mejores añadas de La Rioja

Imaginamos que le gustará conocer cuáles han sido los mejores años de los vinos de Rioja. El Consejo Regulador facilita periódicamente el informe de calidad de la añada correspondiente al ejercicio en curso.

Las mejores añadas del vino de Rioja han sido: 1994, 1995, 2001, 2004, 2005. Estas añadas han sido calificadas de «excelentes» por el Consejo Regulador.

Los años 1991, 1996, 1998, 2006 y 2007 son consideradas como «muy buenos» para los vinos de Rioja.

Muy importante

Cuando nos referimos a notas de cata lo hacemos en referencia a vinos muy bien criados y afinados. Vinos que han superado todas las pruebas y que han demostrado estar a la altura de los consumidores más exigentes.

En todas las Denominaciones de Origen hay vinos muy comerciales, vinos baratos que no se ajustan a una cata ciega. Por esa razón los descartamos.

Si usted desea someter a la cata de nuestros sumillers un vino de su bodega o un vino de su preferencia sólo tiene que hacérnoslo saber poniéndose en contacto con nosotros.

Pero debe saber que nuestros sumillers obrarán con justeza y es posible que no le guste lo que le digan del vino de su bodega o de su vino favorito.

Esperamos que entiendan que seamos tan estrictos. Todo ello redundará en beneficio de todos los amantes del vino.

Jaime Garrido
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